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La competencia teatral PDF Imprimir E-Mail
martes, 06 de abril de 2010
2.jpgDesde el primer día de nuestra formación como grupo, tuvimos claro que ante la ausencia de una escuela de teatro en Tacna, teníamos que irremediablemente ser autodidactas. Para entonces, ya habíamos priorizado cuatro caminos hacia el conocimiento teatral: la pedagogía de los talleres, la confrontación, la crítica-autocrítica y la experimentación en nuestro propio espacio. Las muestras del MOTIN nos ofrecían la pedagogía, la confrontación y la crítica, por lo que decidimos aprovecharlas al máximo. Entonces, algunos personajes enceguecidos  por la competencia y como una forma de desprestigiar las muestras y nuestro trabajo, acuñaron el término “festivaleros”. Poco tiempo después, ellos mismos terminaron extintos, asfixiados en su propia herrumbre.

Como autodidactas sentimos que el pilar fundamental que sostendría nuestro trabajo sería la búsqueda, en un medio donde salvo honrosas excepciones, la totalidad del teatro que se hace, no se hace siguiendo una vocación, sino, impulsado por una competencia a ultranza.
Más que la ausencia de una política cultural en el país, o más aún, que la ausencia de una ley del teatro o una verdadera política cultural local, es decir, aquella sostenible en el tiempo y manejada por promotores capaces y honestos; nada ha estancado más el desarrollo mancomunado del teatro tacneño que la competencia. En casi un cuarto de siglo dedicado al teatro, jamás he podido encontrar una razón honesta que me sirva como parámetro para justificar una competencia teatral, excepto tal vez, aquella que cada cual quiera considerarla como tal, y que se suscita cuando el actor sube al escenario desde que se abre el telón hasta que éste se cierra.
Y digo esto, porque como resultado de aquella competencia, inevitablemente nacerá por un lado, la arrogancia de algunos de considerarse mejores teatristas que los demás, y otros, en un intento desesperado de negarse la condición de rezagados en una competencia que ellos mismos decidieron llevar adelante, harán teatro fuera de los escenarios, difamando el trabajo de los demás.
El buen teatro, solamente tiene un lugar y un tiempo donde puede ser ubicado... el escenario. Lo que suceda durante ese breve espacio de tiempo, determinará la calidad del hecho teatral. El resto, solo son anécdotas y las anécdotas nunca formarán parte del buen teatro.
La producción teatral tampoco puede ser competitiva, porque una buena producción, más que del talento o la habilidad, depende de los recursos financieros para implementarla. Existen formas de conseguir esos recursos, no las conozco en detalle, pero sé de grupos que reciben subvenciones del extranjero, aportes, premios y hasta ganan proyectos que les permiten contar por ejemplo, con su propio equipo técnico de luces y sonido, implementar los montajes con vestuario, elementos de utilería, escenografía, armar un efectivo mecanismo de promoción de los espectáculos y hasta contratar un dramaturgo. Eso me parece bien, pero considero que la gestión para la adquisición de recursos que permitan todo ello, está más en el campo de la gestión y no es una tarea teatral.
Nosotros heredamos el texto, venimos de una experiencia en la que predominaba la palabra y donde el cuerpo estaba ausente. Pero en la confrontación de muestras nacionales como las de Cusco, Puquio y Andahuaylas, descubrimos propuestas basadas en la fuerza del cuerpo y la emotividad sobre el escenario. Entonces, aquellas propuestas nos mostraron el camino hacia las casi ilimitadas posibilidades de investigación de la forma.
Nosotros no competimos con nadie en ningún aspecto, lo nuestro es la búsqueda.
No nos anima tener un repertorio para exhibir los fines de semana, pero respetamos a quienes así lo hacen, en todo caso, nuestra razón de ser está bien definida y exhibiremos los resultados de nuestras investigaciones cuando sea el momento y en ninguna otra circunstancia… aunque haya intereses de competencia que cuestionen nuestra labor.
Edgar Pérez Bedregal

Modificado el ( martes, 06 de abril de 2010 )
 
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