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Uno de los acontecimientos más importantes de la muestra en Villa, fue sin duda la unánime decisión de cambiar el movimiento, porque a decir de la mayoría, el Motin hacía tiempo que había tocado fondo y ya no se podía más. Esta apreciación fue el punto de inicio para la formación de comisiones para hacer un diagnóstico de dónde nos encontrábamos ahora y hacia dónde queremos ir. Las comisiones llegaron a un acuerdo sumamente interesante: la formalización del Motin que permita el financiamiento de los eventos nacionales bajo su responsabilidad, como son la muestra nacional, el taller nacional y el congreso.
Y así se hará.
En algún momento del debate, planteé la necesidad que tal vez, el Motin debería perder su independencia y hacer alianzas estratégicas con la empresa privada, gobiernos locales, gobiernos regionales, e inclusive, con organismos estatales con el fin de lograr su financiamiento. Ante semejante blasfemia, todos abrieron los ojos, se miraron unos a otros y hasta hubo quienes ridiculizaron la propuesta, porque seguramente pensaron que al referirme al hecho de hacer alianzas, me refería también a hipotecar nuestras ideas, y ello se comprueba porque alguien dijo textualmente “...no porque las cosas se pongan difíciles nos vamos a pasarnos al otro lado...”
Hace años, cuando asistí a la muestra nacional de Andahuaylas, hubo una exhibición de afiches y certificados de las muestras anteriores, entonces pude ver que en el certificado que nos entregaron en la muestra nacional de Puquio, habían tachado con una equis grotesca las siglas del INC, pregunté porqué habían hecho eso, y me respondieron porque somos independientes.
A eso se refería mi propuesta, está bien que seamos independientes en nuestras ideas, es un derecho y nadie va a cometer la desfachatez de cuestionar eso, pero no podemos ser financieramente independientes porque no generamos ingresos suficientes para costear una muestra, y esa es la razón de las condiciones deplorables en que se desarrollan algunos de estos eventos, ¿Cuál es el problema si por ejemplo para organizar una regional se logra un auspicio con la telefónica a cambio de exhibir una de sus pancartas si ello va a redundar en mejores condiciones de alojamiento y alimentación para los grupos participantes? tal como sucedió en Villa cuando se exhibió la pancarta de una universidad durante el congreso a cambio del material videográfico. ¿Qué alternativa tenemos? Ser independientes no significa que debamos dormir en el suelo de un aula de colegio compartiendo un baño entre doscientas personas, ser independientes significa usar los mismos mecanismos del mercado sin endosar nuestras ideas, mientras tanto, seguiremos siendo invisibles, tan invisibles como invisible es ahora el Motin.
Al final, no insistí con mi propuesta, porque como dice el dicho, no hay peor sordo...
Otro asunto digno de mencionar es que por acuerdo del congreso, se cambiará el método de selección para la nacional. Desde que asisto a las regionales, por razones obvias, es muy común escuchar a los mismos grupos de siempre quejarse del mecanismo de selección, ésta vez, tuvieron eco en la propuesta que sea el público, la mesa de crítica y los teatristas, casi en forma proporcional, quienes decidan la clasificación. La cosa se pone más difícil para los grupos llorones porque el público no es tonto, no se le puede vender sebo de culebra, ni tienen teatristas chocheritas que voten por ellos. Sin embargo la pregunta es: ¿Asistirá el público a todas las funciones para decidir por ejemplo, que el último espectáculo del día lunes es mejor que el primer espectáculo del día miércoles?
En Villa, tuve la persistente sensación que ahora son los jóvenes los protagonistas de las muestras. No sé en qué momento partió hacia el olvido el tiempo en que veíamos a los maestros almorzando con nosotros, haciendo cola para ocupar el baño o simplemente ayudando a armar una escenografía, hay grupos como Barricada, Algovipasar y hasta el propio Rayku, todos de provincias, que pasan los 25 años y siguen participando en las muestras regionales, confrontando codo a codo con los grupos jóvenes por un cupo a la nacional. Los grandes grupos de Lima ya no se juntan con nosotros, y no me refiero a Cuatrotablas, Yuyachkani ni Yawar, sino a los otros, aquellos grupos que dejaron huella también y que las nuevas generaciones los esperan para una sencilla demostración de trabajo y comprobar que alguna vez existieron.
La mesa de crítica sufrió una seria retracción, fue considerada demasiado benevolente en sus apreciaciones y en algunos casos, simplemente no asistieron a los espectáculos. Los críticos anunciados, salvo Mary Soto, brillaron por su ausencia, lo que confirma el rumor que la Asociación de Críticos no existe y que sólo se conforma para las muestras. La organización tuvo que traer refuerzos como Laurienzt Seda, Ruth Escudero, Percy Encinas y José Carlos Urteaga para salvar la mesa, quienes lamentablemente se hicieron presentes sólo los últimos días. Lo mismo sucedió con los comentaristas, el Maestro Ernesto Raez, con esa lucidez que lo caracteriza desde siempre estuvo presente con sus acertados comentarios.
En los últimos años, la mesa de crítica también ha recibido la crítica de los teatristas, y Villa no fue la excepción, en un momento, Eduardo Valentín, director del grupo Barricada de Huancayo, advirtió sobre la necesidad de contar con una mesa de crítica con parámetros definidos sobre el método de evaluación a los trabajos, método que coadyuve a una visualización clara que sea útil a los directores para subsanar las deficiencias de los montajes. Como respuesta, el trabajo de Barricada fue rigurosamente evaluado, lo que al parecer no fue del agrado de su director, quien dejó pendiente un debate privado con la crítica. Tal vez por ésta razón, nunca lo sabremos, Barricada se retiró de la muestra y no asistió al congreso.
La de Villa, es la novena muestra nacional a la que tengo oportunidad de asistir, y lo hice con el mismo entusiasmo con el que participé en todas y cada una de las muestras desde el año 1985, saltando y gritando desde el desfile inicial, por ello, en el pasacalle de Villa, esa misma arena de la que están hechas las pistas, sirvió de rodamiento entre el sardinel de cemento y la zapatilla para obligarme a resbalar y caer al suelo. Entonces, tuve un inmediato adormecimiento de la rodilla mientras lamentaba mi mala suerte pues en algunas horas me tocaría actuar y algunas escenas las haría de rodillas.
Al día siguiente y como no podía ser de otra manera, la rodilla amaneció hinchada como un tamal, entonces le eché un ungüento, la vendé y esperé. Cuando llegó la hora de mi presentación, sonó la música, salí de entre el telón de foro y conforme a lo ensayado, me arrodillé para ubicar los objetos sobre el cubo que se encontraba en medio del escenario. Entonces un agudo dolor en la rodilla me obligó a disimular una mueca que no era sino la advertencia que tal vez, ésta, sería la más difícil presentación de mi vida. Y no me equivoqué. A diez días de la caída, no comprendía porque continuaba con un ligero adormecimiento. Entonces no lo sabía, pero luego, la radiografía mostraría sin lugar a dudas un muy relajado... ligamento roto.
Supongo que ese, es el precio que tuve que pagar, en retribución, por haberme divertido tanto, allá, en Villa.
Siento que de alguna forma he cumplido mi ciclo y que éste, para bien o para mal, se está cerrando sin importar un ápice la nostalgia. Tal vez, ésta fue mi última muestra, mis pobres huesos no podrían soportar una caída más. Tal vez, ha llegado el momento de asumir otras tareas en el complicado proceso de creación dramatúrgica, tal vez, digo, es un decir, tal vez, sea tiempo de retirase a los cuarteles de invierno a reflexionar sobre lo andado y luego tomar decisiones, tal vez, ya hemos entregado nuestra cuota de sudor y lágrimas para devolver al Motin todo lo que el Motin hizo de nosotros... teatristas invisibles... empedernidos, perseverantes hasta la terquedad por querer cambiar el mundo y hacer de éste pedacito de cielo llamado Perú, un lugar más digno para todos.
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