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EL INICIO
Hoy es febrero.
Estoy frente al mar, balanceándome plácidamente en mi fiel hamaca. Trato de recordar y... escarbando entre mis recuerdos tirados y amontonados en desorden en algún lugar de mi cabeza, encuentro que fue la noche de un sábado veintidós de junio de 1985, que subí a un escenario por primera vez.
Fue en la sala principal de la casa donde otrora moraba el ilustre tacneño Jorge Basadre Grohmann que presentamos la obra de creación colectiva “Contrabando”.
En aquel entonces era integrante del Grupo Teatral Tacna y la noche anterior habíamos terminado muy tarde con los ensayos finales.
Poco antes de la siete de la noche llegué con un ligero temblor en el cuerpo y antes de siquiera poder pronunciar alguna palabra, la coordinadora me recibe con un sobre diciéndome “Dejaron esto para ti”; lo abrí, y encontré una tarjeta que decía “Somos viajeros en busca de la luz; tenemos que alzar los ojos para reconocer el camino. Felicitaciones en el estreno de un actor”.
Y de pronto, me lleno de nostalgia y descubro que el tiempo no espera a nadie y que los recuerdos, uno a uno, se diluyen en el tiempo.
Por eso estoy aquí, frente al mar, resuelto a escribir las primeras líneas de éstas crónicas que no pretenden ser un análisis de las obras que he visto, pues para eso existen personas especializadas, simplemente, pretenden convertirse en un testimonio de fe que allí estuvimos, en esas fechas y rodeado por aquellas maravillosas personas llamados teatreros, un testimonio sencillo pero imparcial, desde la visión de un provinciano venido del umbral donde comienza la patria, Tacna; un testimonio de cómo se desarrollaron aquellas magníficas reuniones de teatro llamadas muestras.
Y necesariamente debo empezar desde el principio; aquella noche de ensayo, cuando se abrió la puerta y desde la oscuridad, apareció la figura de ese ilustre desconocido: Hugo Salazar de Cusco, integrante de la comisión organizadora de la Muestra Nacional que se realizaría en setiembre y a donde asistirían los grupos que tenían actividad en la región.
En ese entonces no existían las muestras regionales donde se seleccionaban los grupos, por lo que Hugo invitó al Grupo Teatral Tacna por haber asistido a la nacional de Lima, de Cerro de Pasco y además, por haber organizado la muestra nacional de Tacna, por lo que sin dudarlo, Pepe Giglio nuestro director, aceptó la invitación.
LA XI MUESTRA NACIONAL EN CUSCO
La XI Muestra Nacional de Teatro Peruano se desarrolló del 16 al 22 de setiembre de 1985 en la ciudad de Cusco. Luego de haber viajado casi dos días en ómnibus y en tren, llegué ávido y ansioso pues era la primera vez que asistía a una muestra y además había escuchado insistentemente que estarían los Yuyachkani, el mejor grupo del Perú, junto a Setiembre, Raíces, Edgar Guillén entre otros connotados quienes nos iban a enseñar los aspectos más relevantes del teatro independiente.
Nos alojaron en hoteles y los alimentos los servían en restaurantes, por lo que no podía dejar de sentirme todo un turista. Luego de la plenaria de bienvenida que se realizó en la antigua morada del Inca Garcilazo De la Vega, hoy local del INC, vino el pasacalle donde participé absolutamente turbado por el grado de desinhibición de algunos actores como Gina Beretta del grupo Raíces, quien hacía alarde de un extraordinario estado físico dirigiendo el tránsito y corriendo de arriba a abajo por las calles de Cusco. Luego en el comedor, vi a una Gina totalmente diferente y esa, fue la primera lección que aprendí en una muestra: que cada actor tiene su personalidad, pero la personalidad del personaje se construye en un proceso.
El pasacalle terminaría con una pequeña demostración de trabajo de todos los grupos en la plaza mayor, donde el público y los amigos de lo ajeno se apretujaban en un enorme círculo de espectadores, incluido yo, que observaba perplejo una vez más, el grado de desinhibición de los actores.
Uno de los primeros grupos en presentarse fue Setiembre con “Luis bandolero Luis” de Walter Ventosilla y la recordada Yadi Collazos, pero fue cuando Edgar Guillén subió al escenario con el unipersonal “Sarah Bernhardt” que me percaté que no era cierto que habíamos ido para que nos enseñen, habíamos ido a aprender.
En las siguientes noches se presentó Yuyachkani con “Diálogo de zorros” cuyo montaje de un cierto grado de abstracción escénica me fue muy difícil de comprender, por lo que tuve que hechar mano a “El zorro de arriba y el zorro de debajo” de Arguedas; y aunque la única experiencia que traía conmigo era la lectura de las obras de mi padre y mis primeros experimentos dramatúrgicos, a las justas logré salir airoso a la interpretación de ese montaje. Sin embargo, mi admiración hacia los Yuyas fue creciendo con el tiempo y se constituyeron durante años en una fuente de inspiración y de referencia de hasta dónde se puede llegar en el escenario.
Luego se presentaría Raíces de Lima con “Sol y sombra”, una corrida imposible de definir entre un torero miedoso (Julio César Flores) y un toro cuyos cuernos eran el símbolo de la paz; más tarde, ese grupo me marcaría de por vida.
Casi al final de la muestra, cuando estaba viendo la ciudad del Cusco desde la cumbre del formidable Sacsayhuamán, escuché una voz que me decía “Qué bonito es el Cusco ¿no?, esta es la tercera vez que vengo pero me admiro como si fuera la primera”, era Gina. Entonces reflexioné, ¿dónde más, alguien le hablaría a un extraño con esa confianza, haciéndole sentir que es uno de los suyos?. En la muestra claro, porque sólo allí, existe ese poder oculto que hermana, porque la muestra es ese memorable aquelarre de seres únicos que sueñan con un mundo más justo para todos.
Lo que no sabía, era que al reflexionar de esa manera, sobre el poder integrador de las muestras, estaba siendo contagiado por una extraña adicción, y que los delirios que me causaría, me durarían por siempre.
Fue en esa muestra que me percaté que inevitablemente, para bien o para mal, llevaba la herencia que mi padre me había dejado por el teatro, que de mi admiración hacia él, pasaba a la escena, ese pequeño espacio donde concluye el proceso, donde la imaginación y la actuación, son los protagonistas indiscutibles de un hecho fascinante y embriagador.
Pese a ello... aún no había hecho mi juramento.
LA I MUESTRA REGIONAL SUR EN TACNA
Al año siguiente de la muestra de Cusco, nos despedimos del Grupo Teatral Tacna para seguir nuestro propio camino, para construir nuestra propia identidad, nuestra propia estética, pero por sobre todo, para aprender de nuestros propios errores.
Luego de dos meses de dramaturgia y ensayos, teníamos listo nuestro primer trabajo al que habíamos titulado “Comedor popular”, entonces fuimos donde Pepe Giglio a presentarnos en la sala de su casa, para que nos diga qué le parecía la obra, luego de algunas sugerencias, Pepe nos invitó al congreso del Sindicato Luz y Fuerza que se llevaría a cabo en Tacna en esos días y así lo hicimos.
Fue una noche, cuya fecha he olvidado, allá en el histórico teatro El Orfeón de Tacna, ante la presencia de un mar de delegados sindicalistas venidos de todas partes del Perú, que dimos inicio a nuestra propia aventura.
Luego de aquel memorable momento, Pepe nos invitaría una vez más, ésta vez, a participar en la muestra regional, pues fue durante la plenaria de la Muestra Nacional del Cusco que se acordó realizar las regionales selectivas para la nacional y se encargó al Grupo Teatral Tacna la organización del evento que contaría con la participación de los grupos de teatro de Arequipa, Moquegua, Puno y Tacna.
Y así, del 26 al 30 de Julio de 1986, se llevó a cabo la Primera Muestra Regional Sur de Teatro Peruano, que según recuerdo, más que una muestra, fue una verdadera fiesta de hermandad.
Habían sido invitados Setiembre y Villa el Salvador de Lima, el maestro Ernesto Ráez en la mesa de crítica y Aurora Ayala como técnico de luces, estaban presentes por Arequipa Audaces Laboratorio de Teatro de los hermanos Frisancho, el Elenco Municipal de Hugo Riveros, por Tacna La Pandilla de David Ortiz, ASOCAP de Claudio Puma, Inti de Miguel Camacho, Teatro Alto de la Alianza de Fidel Miranda entre otros.
Y esa fue la primera muestra de Rayku, nos presentamos con “Comedor popular”, una obra inspirada en un relato contado por Fernando Ramos cuando formaba parte de “Piscator”, relato que se basaba en los pormenores del suplicio de ir a comer al comedor del mercado; al final Fernando dijo: “Y hasta se puede hacer una obra de teatro con eso” y yo... le tomé la palabra.
Nos presentamos luego de La Pandilla en el auditorio del Colegio “Santa Ana”, recuerdo que terminada la función, se acercó el maestro Ernesto Ráez y nos sugirió asistir a la Muestra Nacional de Puquio que se realizaría en setiembre.
Entonces la muestra nacional era un desafío para nosotros, no sabíamos si estábamos preparados, pues de hacerlo, iríamos como grupo nuevo, con nuestra propia obra y con nuestra propia dirección.
Pero el querer confrontar, de aprender de los maestros, de ser, en vez de “intentar ser”, pudo más, y con nuestras mochilas a cuestas y una caja llena de utilería, partimos a Puquio.
LA XII MUESTRA NACIONAL EN PUQUIO
A la XII Muestra Nacional de Teatro Peruano en Puquio, del 1 al 7 de setiembre de 1986, llegamos en ómnibus, camión y Custer, no sin antes bajarnos y ser inspeccionados en todos y cada uno de los puestos de control a lo largo de la ruta, eran tiempos de violencia política; eso, lo esperaba, lo que no esperaba era que esa muestra me marcaría por siempre, que aquel evento sería el comienzo de una nueva vida para mi, que esa nueva vida la había visualizado antes en mis sueños como un claro presagio de aquello a lo que estaba destinado a ser.
En el mes de mayo de ese año, fundé Rayku Teatro, en julio estrené mi primer trabajo, y en setiembre llegamos a Puquio como grupo seleccionado en la I Muestra Regional Sur de Teatro Peruano.
Nos presentamos el primer día del festival antecedidos por el grupo José María Arguedas de Andahuaylas quienes presentaron la obra “Esperanza” dirigida por Lieve Delanoy, Yawar que dirige Tomás Temoche con “Al fondo hay sitio” de Sara Joffré y nosotros, Rayku Teatro que presentamos “Comedor Popular”.
El teatro “Aliaga”, es ese típico recinto de pueblo chico, rústico pero muy simpático y acogedor, donde la gente se peleaba por conseguir una entrada, se sentaban en el pasadizo, pegados a las paredes y hasta en el borde del escenario porque nadie quería perderse los espectáculos, pues la Muestra Nacional organizada por el grupo de los Hermanos Chalco, era el evento del año por excelencia.
Los trabajos más resaltantes de aquella memorable muestra fueron “La conquista” del TUC, el grupo Maguey de Lima, Algovipasa‟r de Cajamarca, los cómicos de Lima y La Tarumba con “Cállate Domitila”; por Tacna estaban presentes Alto de la Alianza, Miguel Camacho que presentó “El marido de la Jesusa” y Pepe Giglio quien al final nos apoyó en el aspecto técnico.
El tercer día se presentó el grupo “Raíces” de Lima con la obra “Baños de Pueblo” bajo la dirección de Ricardo Santa Cruz. Para quienes no tuvieron la oportunidad de ver aquella obra, debo referir que el trabajo es esencialmente un trabajo Grotowskiano, y no podía ser de otra manera porque Ricardo proviene de las canteras de "Cuatrotablas". Un espectáculo caracterizado por un desplazamiento limpiamente definido, una expresión corporal traslúcida que reflejaba tras de sí, un arduo y seguramente extenuante trabajo físico, vestuario nada ostentoso, ausencia de elementos y donde su majestad, la actuación, se caracterizaba por esa fuerza física y emotiva que nunca antes había visto y que a mí me impresionó primero y me conmovió después.
La temática era aquella sórdida visión de la sociedad capitalina, representada sin censura y con esa crudeza sardónica que caracteriza a los trabajos de Ricardo. Tal vez Ricardo Santa Cruz no lo sepa, pero el haber visto su trabajo en aquella oportunidad, es la segunda razón por la cual hoy estoy dedicado al teatro. Después de la función, salí profundamente perturbado. Sentí que ese era el teatro que estaba buscando y que quería hacer, que esa era la energía que justificaba todo el esfuerzo y hasta la última gota de sudor dejada en los ensayos. Cuando salí a la calle luego de la función, un apagón me sorprendió mientras disfrutaba del cielo de Puquio.
En el mismo instante en que se apagaron las luces, súbitamente el cielo se encendió de estrellas, tantas estrellas como en ningún otro lugar del mundo. Cielo serrano tenía que ser.
Mientras entraba en comunión con el cielo, me prometí a mí mismo que nunca dejaría el teatro. Que el teatro era lo mío. Que había encontrado mi camino, que ya no tendría que buscar más, que por fin, podría dormir tranquilo aquella noche.
Las estrellas de Puquio son testigos de mi promesa. Ellas, guardan mi juramento.
Y me siento muy afortunado que en medio de tanta confusión y desconcierto, aquella vez, haya encontrado mi destino; y me alegro mucho, porque es un destino que acepto con gusto. Esa es la breve historia de mi comunión con el teatro, ese fue el inicio de esta hermosa locura que me envuelve a diario y permite que cada día sea una aventura.
De todo esto tengo que dar cuenta, antes que el implacable olvido, se lleve uno a uno, mis más preciados recuerdos. De cómo por jugar con el teatro, éste ingresó a mi sangre, hasta convertirse en parte de mí.
LA II MUESTRA REGIONAL SUR EN AREQUIPA
Era aquel lejano invierno de 1987 cuando acudimos raudos y prestos hasta la ciudad de Arequipa a participar de la gran fiesta signada por los mortales teatreros como la II Muestra Regional Sur de Teatro Peruano, convocada del 1 al 7 de agosto por el Karguyoc Audaces Laboratorio de Teatro.
Para ese entonces, llevamos tres cosas: una obra estrenada hacía dos meses, una mochila y una caja de cartón con chucherías que el argot teatral nos obliga a definir como utilería. Llegamos y… ¡oh sorpresa!, nadie se esperaba tan magno aquelarre, allí estaban… famosos, hermosos y malditos, esperándonos, rodeados por una resplandeciente aureola mismo guerrero sayayín. Los Yuyachkani, el más importante grupo peruano, liderados por la magnífica actriz Teresa Rally, más allá, los no menos importantes Cuatrotablas con Pilar Nuñez, designada por mí como la mejor actriz del mundo, un poco a la izquierda, Edgar Guillen, actor Máximus Prime del país y, como si fuera poco, el maestro Ernesto Raez Mendiola, entonces director del Teatro Nacional.
La delegación tacneña también estaba nutrida, consistente y además… hermosos y malditos, salvo, un par de excepciones. Disfrutamos como chanchos espectando "Los músicos ambulantes", "Un día en perfecta paz" y una rigurosa rutina de entrenamiento actoral de los Yuyas, "Los clásicos" y “El trabajo que hacemos” de Cuatrotablas, un unipersonal de Pilar Nuñez y otro, "Carné de identidad" a cargo de Edgar Guillén, amén de los espectáculos de los grupos convocados por la región sur, entre quienes puedo recordar al Elenco Municipal de Hugo Riveros con “La noche de los asesinos”, Escena Inka de Puno con “Jatun juez”, el Grupo Teatral Tacna con “Las diferencias” de Zavala Cataño, Paco Yunque con “La guerra de las estrellas... y los erizos de mar”, Arlequín y “El tejedor de sueños”, Miguel Camacho de Tacna con “El dictador” y los dueños de casa, Audaces con “Carcajadas del payaso”.
Hubo talleres a escoger, mesa de críticos y hasta fiesta de despedida. Una muestra suele ser, un encuentro de una semana donde se confrontan y evalúan los trabajos de los grupos para tener una visión clara de su evolución. Uno va a mostrar, en teoría, pero en la práctica es diferente, se termina aprendiendo y en gran medida. Pero lamentablemente, no todas las muestras son así, hubo una regional donde los organizadores en vez de darnos la bienvenida, nos recibieron con un cartelito en la pared que decía "Respetos, guardan respetos", pero esa… es otra historia.
LA XIII MUESTRA NACIONAL EN ANDAHUAYLAS
La XIII Muestra Nacional de Teatro Peruano se llevó a cabo en la tierra de José María Arguedas, Andahuaylas, del 17 al 24 de abril de 1988.
Arribamos en avión hasta Cusco y de allí, tomamos una Couster cruzando los ríos profundos hasta llegar a Abancay, para luego embarcarnos junto a los amigos de Kapuli en la parte trasera de un camión.
Llegamos con el polvo del camino hasta en los dientes, directo a la fundación Anton Spinoy cuyo local queda en la plaza mayor de Andahuaylas y que sirvió de albergue durante la muestra, la fundación, patrocinadora del evento, estaba a cargo de Lieve Delanoy, a quien habíamos conocido en Puquio, una gringa Belga alta, con perfil europeo y pinta de turista que apostó por el teatro en el Perú profundo.
En la sala principal de aquel recinto se armó el dormitorio con colchones unos frente a otros, hermanándonos aún más todavía, pues a partir de ese momento pasaríamos a compartir todo... inclusive los ronquidos.
En esa muestra conocí a Hugo Salazar del Alcázar, ilustre tacneño que desde entonces marcaría cátedra en la crítica peruana, quien luego de la presentación de Rayku con “La leyenda de los gigantes” nos dijo: “Por el trabajo de Tacna es que los críticos debatimos hasta tarde anoche”. Él, era un muy buen tipo, su comentario era un “hola”, un saludo para ser amigos, su simpatía era superada sólo por su talento para el análisis de los montajes y su buena predisposición para compartir un buen consejo, por eso, lamentamos mucho su temprana desaparición.
En la muestra de Andahuaylas se hace evidente el teatro múltiple, como nuestro país, se consolida el teatro quechua-andino teniendo como principales exponentes a Qallarti, José María Arguedas y Javier Heraud de Andahuaylas. El teatro del cuerpo muestra vigencia y fuerza con Magia, Escena libre y La otra orilla de Carlos Cueva, el teatro para niños es una constante, está siempre presente, y por último, el teatro que tiene como tema nuestra identidad a cargo de Olmo, Villa el Salvador, Setiembre y Yuyachkani.
Esta fue sin duda, la muestra donde se hizo uso y abuso de la máscara, y en la mayoría de los casos, para ocultar la deficiencia en el texto, lo que deslució el trabajo de grupos que no tienen claro el verdadero valor de la máscara.
A decir de Hugo Salazar, “en provincia, la necesidad de espectacularidad prima sobre el concepto de puesta en escena. El código visual se apropia del código dialectal”, pero a la vez, la diversidad aparece como un elemento enriquecedor y no como un obstáculo para la unidad, es más, en lo que todos estuvieron de acuerdo, es que la gran mayoría de propuestas toman la temática nacional en una ansiosa búsqueda de una solución a nuestros problemas y la identidad de un nuevo Perú.
En Andahuaylas se instala por primera vez y de manera definitiva la mesa de críticos que tiene entre sus más caros exponentes a Alfonso La Torre, Hugo Salazar Del Alcázar y Santiago Soberón. Sobre la muestra de Andahuaylas se ha escrito mucho, pues justamente quienes conformaron la mesa de crítica eran a su vez editores de sus propios espacios de opinión en importantes medios escritos de Lima.
Las obras se presentaron en el cine de la fundación, un enorme monstruo para mil personas que en todas las noches de la muestra, se llenaba de público ansioso de ver las obras venidas desde los rincones más apartados del Perú, de las que puedo recordar montajes como el de Algovipasa‟r de Cajamarca con “Eva apurada”, Villa el Salvador con “Carnaval de otra vida”, Yawar Soncco de Ayacucho con “Cadáveres de la guerra”, Setiembre con “Padre, tierra, madre”, Olmo de Trujillo con “Democrac - crac - crac”, Magia de Lima con “El ahogado más hermosos del mundo”, Barricada de Huancayo, Huarequeque de Chiclayo, José María Arguedas, Jevier Heraud y Qallari de Andahuaylas, Yuyachkani, Rasgos, Escena libre, Mientrastanto y Yawar de Lima, Raíces de Ancash así como Carlos Cueva y Luis Ramírez ex Cuatrotablas, quienes por vicisitudes del clima, tuvieron una estadía obligada de cuatro días más en Andahuaylas.
El sur estuvo representado por un único grupo: Rayku Teatro, clasificado en la Muestra Regional de Arequipa con “La leyenda de los gigantes” en circunstancias que la mayoría de actores de la zona se encontraban filmando en las alturas de Tacna la película “La boca del lobo” de Francisco Lombardi.
Nosotros no sabíamos del casting, no nos avisaron que se realizaría un casting para seleccionar a los actores y extras de la película, pero con el tiempo poco a poco llegaríamos a comprender aquella actitud que por lo demás, no fue la última.
Y ahora que recuerdo, aunque nos hubiesen avisado del casting... igual habríamos elegido ir a la muestra nacional en Andahuaylas.
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